La necesidad de pertenecer a un sistema (Familia, Clan, Tribu)

Cuando nacemos, necesitamos de nuestros cuidadores para sobrevivir. En la etapa de crecimiento, nuestro ego se va formando y va adquiriendo el rol que le impone el sistema en el que se encuentra. (El sistema es cualquier tipo de grupo al que pertenezcamos, ya sean padres, abuelos, cuidadores, grupo de amigos, etc…)

Para encajar en el sistema, tenemos que cumplir el rol que nos han adjudicado. Si te sales de ese rol, notas como las personas que forman parte de tu sistema se sienten incómodas y rechazan una manera de pensar y vivir, diferente a la suya.

Crecemos con la frase grabada a fuego de: Si haces lo que “YO quiero”, te amaré.

Nuestro ego no soporta la soledad, y es por ello que muchos de los bloqueos que tenemos de adultos, tienen su raíz en el “querer encajar” en el sistema en el que hemos crecido y/o aprendido.

En muchos casos, se trata de seguir la profesión de padres y/o abuelos, en otros se trata de tradiciones impuestas, y luego hay otros que son mucho más sutiles, como por ejemplo; el de una persona que crece en una familia en la que sus padres no disfrutan de la vida, no se les ve felices, simplemente ven pasar la vida sin implicarse en su responsabilidad sobre el disfrute de la misma. Esta persona, de adulta puede tener serios problemas para disfrutar, y todo lo que tenga que ver con ser feliz, ya que cuando consigue momentos de felicidad, siente el miedo de que si es feliz, ya no puede seguir perteneciendo a su familia. Se está saliendo del sistema.

La persona a menudo lo define como sentimiento de culpabilidad y de incapacidad, le da miedo ser feliz, literalmente. Lo que hay debajo de este miedo, es el miedo a acabar con el rol que le impusieron de pequeña.

Es como si un heavy o rockero, un día descubre que también le gusta la música clásica o el jazz y poco a poco se va decantando hacia esta y dejando de lado la música que define a su “tribu”. Esta persona puede llegar a sentirse avergonzada y no compartirlo con sus amigos por el miedo al rechazo, sin tener en cuenta que es el miedo a la soledad de su propio ego, el que le hace llegar a esa conclusión, ya que hay muchas más opciones a tener en cuenta. A algunos amigos les puede gustar también, los que le rechacen quizá no sean imprescindibles en su vida, ni tengan tantas cosas en común, puede encontrar otros amigos nuevos, o puede disfrutar de su nuevo hobby a solas.

La necesidad de pertenecer a un sistema, provoca el miedo a ser uno mismo por no decepcionar a los otros, y por no decepcionar a otros, vivimos su vida y sus miedos a costa de nuestra propia vida y felicidad.

La vida y las personas están en constante evolución, y sin las personas que se han atrevido a salirse del sistema, estaríamos repitiendo una y otra vez roles antiguos y obsoletos, y se pararía la evolución. Muchas veces, un rechazo a tiempo, puede provocar el cambio a mejor de todo un sistema. Podemos elegir ser el ejemplo a seguir para los demás. Es muy posible que quien al principio te rechaza por ser diferente, a la larga te pregunte, ¿Cómo lo haces para estar siempre tan alegre? Y si no lo hacen, es su elección.

Ser feliz y disfrutar de la vida es responsabilidad de cada uno y sólo depende de ti. No culpes a los demás por algo que tu mism@ estás permitiendo y prolongando. ELIGE OTRA OPCIÓN DE VIDA.

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Los juicios. Una palabra de 7 letras que nos aleja de la realidad y de las personas.

juicio

Dejar de juzgar a las personas y las cosas que nos suceden, es el mejor regalo que podemos hacernos a nosotros mismos y a los demás.

Para juzgar a alguien, tendríamos que haber vivido su vida, haber sentido sus sentimientos y emociones, haber pensado con su mente, y haber sentido su dolor, y eso es imposible a no ser que seamos esa persona y nos estemos juzgando a nosotros mismos, lo cual nos serviría sólo para sentirnos mal con nosotros mismos. ¿Para qué queremos sentirnos mal? Si hay algo que no te gusta de ti, cámbialo. Juzgarte te limita, aceptarte, te ayuda a trascender lo que no te gusta.

 

“Yo soy así. No me gusta ser así. Yo quiero ser de esta otra manera. Yo voy a ser de esta otra manera.”

Cuando juzgamos a otra persona, ésta tiende a defenderse. Se siente incomprendida y atacada. Hay muchas de nuestras acciones que no podemos explicar, porque son el resultado de muchas experiencias que han ido formando nuestra personalidad.

Por ejemplo: Si de pequeños, alguien a quien queríamos mucho, nos falló y nos hirió, de adultos, podemos juzgar y rechazar a personas con el mismo nombre, o con alguna característica de personalidad similar a esa persona. No lo hacemos de manera consciente, hay algo que se dispara dentro de nosotros y nos avisa: “Esa persona es mala, te va a hacer daño”, porque nuestra mente no diferencia el tiempo que ha pasado.

Lo que ayer fue “malo”, hoy puede ser “bueno” y al revés.

Juzgar a alguien, nos impide conocer a esa persona como es, porque ya nos relacionamos con ella con unas expectativas irreales que tienden a demostrarse con cualquier pequeño detalle. Como estamos enfocados en lo que no nos gusta, será eso lo que veremos más.

Podemos dejar escapar a personas maravillosas por haberlas juzgado sin darles ninguna oportunidad de mostrarse como son.

Con las situaciones, pasa lo mismo. Podemos juzgar como “malo” que nos hayan echado del trabajo, y luego cuando nos aparece un trabajo mejor, nos tenemos que comer nuestro juicio, y dar las gracias por aquella situación.

Hay montones de ejemplos que iría bien que los tuviéramos en mente para dejar de juzgarlo todo… Por ejemplo, conozco una persona que tenía que coger el tren del atentado de Madrid, y su hijo se puso enfermo y se tuvo que quedar con él. En ese momento juzgaría la situación como “mala”. “Mi hijo está enfermo y yo no puedo ir a trabajar” , horas más tarde estaba dando las gracias por la enfermedad de su hijo, que le salvó la vida.

Intentemos pues, dejar de emitir juicios hacia los demás y hacia situaciones que no nos gusten. Las situaciones, no sabemos lo que pueden esconder de bueno, y con las personas, es bueno preguntarse a uno mismo. ¿Qué hubiera hecho yo en su lugar? ¿Cómo me hubiera comportado? ¿Qué habría sentido? ¿Cómo se que mi actitud es mejor que la suya?

Más aceptación y comprensión, y menos juicios, harán un mundo mejor para todos.

Te deseo una vida sin juicios!

Sonia

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Cuando tu cambias, todo a tu alrededor cambia

dos-caminosA menudo me encuentro que mis clientes, después de 3 o 4 sesiones individuales, llegan con la cara iluminada de alegría, como si fueran una persona nueva, y me dicen con asombro que las personas con las que se relacionan habitualmente han cambiado de repente su comportamiento con ellas. Yo les pregunto: – ¿Todos han cambiado a la vez? ¡¿Qué casualidad, no?! Sonríen, porque a esas alturas ya conocen mis preguntas. Entonces les explico que son ellas mismas las que han cambiado, y que con sus cambios han provocado los cambios de los demás y la desaparición del conflicto.

Estas personas (Han sido unas cuantas y coinciden en su explicación), me cuentan que ellas no son conscientes de que hayan hecho ningún cambio, que no tienen que hacer ningún esfuerzo, que simplemente “ha sucedido”. Claro que no tienen que hacer ningún esfuerzo! Lo que hago en las sesiones, es sacar su esencia, convertirlas en si mismas, y eso no requiere esfuerzo. Cuando hacemos un esfuerzo es cuando llevamos una máscara para cada situación o relación. Ser uno mismo, cuando sabes cómo eres, es lo más sencillo del mundo! Y nuestra esencia es perfecta y maravillosa en TODOS los casos, sin excepción!

De repente su discurso cambia, y todo lo que en la primera sesión era “imposible” “complicado” “difícil” “sin solución”, unas sesiones más tarde lo definen como fácil o mágico. A veces se les llenan los ojos de lágrimas mientras me explican todo lo que ha cambiado a su alrededor, y a veces, no lo puedo evitar y me emociono con ellas al darme cuenta de que formo parte de esa transformación, y que realmente vale la pena mi trabajo.

Soy consciente de que soy una terapeuta “diferente” porque a veces bebo zumos, otras veces digo “guay” o bailo, y otras veces me emociono con mis clientes y sus resultados, y les abrazo. Todo esto forma parte de mi terapia igual que el mismo proceso, ya que sería contradictorio acompañar a las personas en su propio descubrimiento y ayudarlas a sacar su esencia, y yo reprimir la mía.

Me siento feliz de mostrarme como soy incluso en terapia, y no adoptar el papel de persona distante y poco implicada que “se supone” que tendría que hacer como terapeuta.

Lo que realmente me importa, son los resultados y no las formalidades.

Sonia

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Mochila vacía – Nuevas oportunidades

desorden¿Cuantas veces hemos oído aquello de que “para que entren cosas nuevas en tu vida, tienes que dejarles espacio”?

Nuestra vida, es como un armario, si está lleno de ropa a rebosar y seguimos comprando más y más, no nos va a caber todo, y tendremos tal desorden, que no sabremos ni

encontrar nuestras prendas preferidas… ¿Realmente te pones TODA la ropa que hay en tu armario?

Bueno, mi intención no es hablar de ropa, sino de las cosas/personas/actividades que hay en nuestra vida y que no nos aportan nada e incluso nos incomodan…, y que no soltamos, por costumbre, porque no queda bien respecto a otras personas, porque quizá algún día lo podamos necesitar, porque…. (añade tus porqués)

Todos queremos siempre más, y aunque últimamente parece que está mal visto y se ve como incompatible con ser espiritual, bondadoso, feliz, generoso, sensible y otras muchas cosas, yo no estoy de acuerdo con eso.

¿Qué tiene de malo querer un trabajo mejor? ¿O nuevos amigos? ¿Un coche mejor? ¿Una casa más grande? ¿Viajar más? ¿Más dinero? ¿Más conocimiento? ¿Un apartamento en la playa?

¿Acaso no se puede ser buena persona teniendo todo esto?

¿Qué sería de nosotros si no tuviéramos objetivos, ilusiones, cosas por las que luchar?

Para conseguir todas estas cosas, hay que diseñar un buen plan de acción, con los pasos correctos y en la dirección correcta para cada uno. (Eso es el Coaching), y quitar todas esas barreras internas que nos impiden conseguir aquello que deseamos realmente.

Como esto no lo puedo hacer generalizando, porque cada uno tiene deseos y obstáculos diferentes…

Os propongo un ejercicio! 🙂

Haced una lista escribiendo todas las cosas, actividades y personas que hay en vuestra vida, y luego repartidlas en categorías de: Imprescindible (Me aporta cosas buenas), Indiferente (Ni aporta, ni molesta), No necesario o molesto (No aporta absolutamente nada), seguramente os sorprenderá la lista de “No me aporta absolutamente nada”, sed sinceros, nadie os ve ni os juzga.

Las cosas/personas/actividades de la última lista, son por las que tenéis que empezar a crear espacio nuevo, para que entren nuevas personas, nuevas actividades y/o nuevas cosas en vuestras vidas.

Si no lo habéis hecho nunca, os puede incomodar un poco… Ese “YO interno” aferrado al pasado, os puede jugar una mala pasada si escucháis toooodas las razones que tiene para seguir enganchado a lo malo conocido.

Todo lo que hay en esa lista, os sirvió en algún momento del pasado, y es normal que cueste un poco deshacerse de ello. Darle las gracias con amor por haber estado ahí cuando os era útil, y despediros de todo ello para crear espacio a lo que queréis tener ahora en vuestra vida.

Podéis empezar poco a poco, por lo que os cueste menos, y cuando os sintáis más ligeros, con la mochila más vacía y más seguros de vosotros mismos, querréis limpiar más y más todo lo que ya no os aporta nada y ocupa un espacio, ya sea mental o físico en vuestra vida.

¡Empecemos a vivir el aquí y ahora! Tenemos mucha información de lo que nos gusta y lo que no, y de lo que nos sirve del pasado, y lo que llevamos en una mochila muy pesada que no nos deja avanzar a paso más ligero…

¡¡¡¡Hagamos limpieza!!!! ¡Que corra aire fresco! Necesitamos andar más ligeros. Hay muchísima gente que va cansada por la vida, que arrastra tooodo su pasado todos los días de su vida, van demasiado cargados, tienen dolores de espalda! Es increíble, la mochila del pasado, le pesa de verdad a tu cuerpo físico!!

Suerte a todos y….. A LIMPIAR!!! 🙂

Un abrazo!

Sonia

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